De cómo se derrumbó el paradigma de la frecuencia

Entender el mundo en el que vivimos no es fácil. Los cambios son más rápidos, las cosas duran menos, el Internet es parte de nuestras vidas. La saturación de información es innegable, la lógica comunitaria se ha disminuido. Pero el sentido de cómo el mundo se nos presenta privilegia el paradigma de la credibilidad, transformación en la que encuentra su lugar la Imagen Pública.


El paso del siglo XX al XXI ha estado marcado por la generación de nuevas tendencias (antes modas), que se presentan en todos los ámbitos de nuestra vida diaria. Miremos varias dimensiones desde las que se pueden evaluar estos cambios:

Dimensión 1: la sociedad

Antes, el sentido de comunidad estaba más integrado, se conocía al vecino de al lado, los retos de construir un vecindario estaban naciendo. Ahora, poco se conoce al de que vive al lado e incluso poco importa lo que le pase.

Antes, la vida pública era un factor que se tomaba en cuenta para determinar nuestras conductas; ahora se privilegia la vida privada como precepto sobre el cual nadie, absolutamente nadie, puede intervenir.

Antes, utilizábamos artículos más simples y eran los que les daban una dinámica activa a nuestras vidas; ahora, existen productos para toda clase actividades que nos permiten tener una experiencia más variada, pero cada vez exigimos más de la vida.

Dimensión 2: la empresa

Antes, las empresas le apostaban a la producción en masa, se atendía una lógica de masas; ahora, la apuesta es por la personalización del producto o servicio.

Antes, el cliente iba a las empresas a satisfacer sus necesidades; ahora, la empresa va hasta el cliente a satisfacer sus aspiraciones.

Antes, se apostaba por la elaboración de productos; ahora, se venden contenidos para una mejor comprensión del producto y, por supuesto, para su consumo.

Dimensión 3: el individuo

Antes, el individuo tenía más necesidades que aspiraciones a satisfacer; ahora, pasa a la inversa.

Anteriormente, el individuo buscaba la profundización sobre su existencia; ahora, el paradigma que prevalece es la relativización de la existencia.

Dimensión 4: la comunicación

Respecto de esta dimensión, las personas y sociedades antes se comunicaban de manera verbal, construían su mundo desde lo local. Después, para conocer el mundo, se utilizaron los medios de comunicación masivos que, al recurrir al paradigma de la frecuencia, penetraron cada vez más la mente y corazones de los “consumidores”.

Antes, se manejaba el concepto que mientras más se apareciera en un lugar o medio, más gente vería el mensaje; ahora, por la saturación de puntos de atención a los que debe responder el individuo, el contenido del producto, servicio o idea debe convertirse en viral para convencer a los individuos que debe reenviarlo a sus redes sociales, ya sea porque se identifican con el material o porque consideran que les puede ser de interés para su público.

Si tomamos en cuenta los criterios de que el mundo está cada vez más cerca, pero es más grande, que aparecen cosas nuevas cada día, que la comunicación fluye más a través de plataformas digitales, que se ansía vivir más experiencias, que los deseos son cada vez más diversos y que hoy se tiene que aparecer en la red social indicada a la hora indicada para existir, comprenderemos que el paradigma que enfrentamos hoy es el del SENTIDO.

Es decir, si algo nuevo me llega y le encuentro sentido, entonces abro mis sentidos para comprenderlo, pero, ante la falta de tiempo, debo experimentarlo para creer en ese producto, servicio o idea que se me presenta. Solo en el momento en el que creo en eso, entonces confío, me identifico y lo hago mío.

El rol de la imagen pública en este cambio de paradigma

Esa es la lógica de la imagen pública, algo que percibo y que contiene ciertas características importantes para mí como para permitir que sea parte de mi identidad, de mi esencia, ahora también reflejada en lo digital.

Dígame si no, hoy rechazamos que algo aparezca muchas veces.  Si aparece muchas veces entonces le ponemos atención, pero en cuestión de algunas horas o dos días, a lo mucho, ya se considera como algo saturado, algo pasado. Esta situación produce el famoso NO ME GUSTA, porque seguro ya hay algo nuevo a lo cual prestarle mi atención.

Así, presenciamos el paso del paradigma de la frecuencia, al paradigma del sentido, cambio al que debemos prestarle atención como sociedades, empresas, individuos, medios de comunicación, etc., porque este está en constante evolución.


Alex Castillo | consultor en imagen pública | CEO – IMAGINA
Fuente fotografía: masmusculo.com

Publicado por Alex Castillo

Asesor en Relaciones Públicas, Imagen Pública y Reputación en Guatemala.

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