“Mucha gente no puede estar equivocada”

¿Verdad o mentira? El gran debate de todos los tiempos: a quién le ponemos atención. Como líderes y empresas tenemos el deber de poner atención a cada una de las percepciones, ya sean individuales o colectivas, que los clientes tengan, pues las mismas constituyen un termómetro de cómo se nos está interpretando.


En varios programas de televisión nacionales e internacionales he estado escuchando una narrativa relacionada a la necesidad de poner atención a las opiniones o decisiones que un grupo de personas tiene sobre una idea, producto o servicio.

En nuestros países latinoamericanos, aún en el siglo XXI, todavía nos movemos con base en ideas dicotómicas (bueno – malo), sin considerar que a raíz del auge de los medios digitales, los mercados han tenido acceso a otra información de primera o segunda mano que ha provocado que sus percepciones sobre algo sean aún más variadas que antes.

Gerentes y empresas todavía consideran que tienen que atender a sus públicos, pero también hay que ignorar a los que no son sus clientes o no están con ellos. Las nuevas tendencias en manejo de mercados han propuesto que hay que realizar esfuerzos por enfocarse en aquellos públicos que pueden constituirse en sus clientes potenciales.

Frente a estas lecturas, me ha llamado mucho la atención esta frase recurrentemente utilizada en varios espacios: «Mucha gente no puede estar equivocada». Esta idea alude a considerar que una, dos o cinco personas pueden tener una opinión negativa sobre un producto, servicio, marca o empresa, pero cuando esta percepción es cobijada por un número mayor de personas (número que está en la mente de cada persona) entonces no puede negarse la veracidad de dicha afirmación o consideración.

¿Usted qué opina sobre esto?, ¿será que si varias personas tienen la misma idea entonces esta ya se puede tomar por cierta como para respaldarla?

Esto está sujeto a consideraciones personales e institucionales. Lo que yo considero oportuno evaluar es que, alejado de la posibilidad de legitimar una idea específica de un determinado grupo de clientes, la misma sí debe tomarse en cuenta debido a que nos da indicios de que la percepción de un colectivo de clientes, aglutinados o no, puede estarse decantando por una tendencia a favor o en contra de los objetivos profesionales o institucionales establecidos.

Si bien ustedes o yo podemos estar de acuerdo o no con la afirmación inicial, en el marco de las nuevas tecnologías, dicha idea nos brinda un parámetro de referencia de cómo se está construyendo la percepción en nuestras sociedades, en donde no importa la cantidad de información que tengamos. Solo con el hecho de que ya varias personas, ahora en varias redes sociales, estén hablando sobre un tema, sin contar los temas que marcan tendencias, hoy constituye un indicativo lo suficientemente fuerte de la razón o el peso que lleva determinada idea y más si se sostiene en el tiempo.

Importa quién lo dice, pero en la actualidad importa mucho más cuántas veces aparece en mi timeline. En ese momento se dimensiona que la cantidad de voces que se inclinan en una determinada línea de pensamiento es razón suficiente para ponerles atención, aunque esté poco informado sobre el tema, esa cantidad y la atención resultan ser ingredientes de fuerza para permear la percepción del usuario o la audiencia y en ese momento tomar partido a favor o en contra de manera inicial o hasta definitiva.

En fin, podemos analizar que a esta situación se suman los elementos sobre cómo percibimos el mundo, es decir, evaluar a quién le creemos, cuánto tiempo nos tomamos para decidir, cuánto queremos pensar tal situación, etc. Estos criterios se han reducido porque hoy ya no tenemos mucho tiempo para considerar abiertamente una idea y, por lo tanto, nuestro juicio se define rápidamente.

Estos factores entonces son los que, aglutinados, nos inclinan a legitimar activa o pasivamente el hecho de que, si muchas personas se pronuncian en un sentido, es porque tendrán cierto grado de razón y podrá ser respaldado por los medios de comunicación y principalmente por mis círculos sociales, en quienes en definitiva confiaré para adherirme, como cliente, a un cierto grupo de personas y, si me siento bien en ese colectivo, pienso y siento que “no precisamente estoy equivocado porque muchos no nos podemos equivocar”.


Alex Castillo | Máster en RSE | Lic. Imagen Pública | Consultor en Imagen Corporativa
Fuente fotografía: uan.edu.mx

Publicado por Alex Castillo

Asesor en Relaciones Públicas, Imagen Pública y Reputación en Guatemala.

A %d blogueros les gusta esto: