El manejo de la imagen es una labor de 24 horas

El diagnóstico de la imagen lleva su tiempo, el diseño de la misma requiere otro período de tiempo más para afinarse, pero la implementación y el manejo tienen un momento de duración de 24 horas (como día clave) con su respectivo sostenimiento en los días, meses y años posteriores para que se pueda medir el impacto de la misma en la reputación de la empresa y en la confianza de los clientes.


La Imagen Pública se define técnicamente como la percepción general que comparte el público objetivo acerca de una marca, producto, persona, empresa o país, y que provocará un juicio de valor u opinión que le motivará a adoptar ante estos una determinada conducta de rechazo o aceptación.

Diferentes estudios han determinado que la impresión de la imagen de una empresa o profesional puede durar desde 3 y 7 segundos hasta 3 minutos en sus audiencias, configurada en la razón y emociones de esos públicos objetivo que la juzgarán drásticamente; pero este comportamiento dependerá del manejo efectivo que dicha entidad o persona haga de sus estímulos.

Es decir, esos detalles físicos, profesionales e institucionales que le permitirán tener control de la situación a través de acciones definidas estratégicamente que le posibilitarán alcanzar el objetivo establecido.

Así me pasó recientemente cuando en una asesoría corporativa no solo bastó el diseño e implementación de la estrategia de imagen para el lanzamiento de un producto, sino que en el propio lanzamiento detecté que, habiendo definido la imagen a establecer en el imaginario del mercado, había que manejarla durante el mismo evento. Es decir, tanto usted como gerente o profesional como yo como Consultor en Imagen Pública podemos ejecutar ciertas acciones, ciertos detalles imprevistos que creen o abonen a la creación de una realidad que debe estimular la vida de los clientes.

En su mente, sin duda, podrá pasar el pensamiento que esto no puede ocurrir pues como parte de la estrategia todo, absolutamente todo debe estar planeado y ser ejecutado a cabalidad. Pero los que tenemos años de experiencia en la implementación de eventos corporativos en el mercadeo de eventos, podrán estar de acuerdo conmigo que por más que se planee cada detalle, durante la actividad pueden suceder uno y mil imprevistos a los que hay que saber responder.

Es precisamente en esa volatilidad de detalles en donde encontré un campo de aplicación para el concepto de “manejo de imagen”, que no solo implica el saber solventar la eventualidad o el aspecto que no está coordinado, sino hacerlo bajo una óptica estratégica en donde el giro que se decida dar al aspecto debe responder a una construcción dinámica de la realidad que querramos que los clientes perciban, ese aporte que el producto o servicio va a darles a sus vidas.

Por eso es que en ese instante de decisión, las 24 horas del evento, lo que realmente debe suscitarse es un manejo de imagen que provocará una modificación del evento, que cambiará por completo el sentido del mismo, a lo cual se debe estar preparado para realizar los correctivos de manera proactiva, y no reactiva, teniendo clara la percepción a instalar que motive el convencimiento y el posterior consumo.

Por eso es que el manejo de imagen no solo es parte de la estrategia sino también del sostenimiento de la misma para que ese juicio de valor u opinión que motivará al cliente a adoptar una determinada conducta de rechazo o aceptación del evento siempre pueda ser corregido, haciendo los esfuerzos que sean necesarios in situ para lograr la identificación plena por parte de la clientela.


Alex Castillo | Máster en RSE | Lic. Imagen Pública | Consultor en Imagen Corporativa

Fuente fotografía: wikiwand

Publicado por Alex Castillo

Asesor en Relaciones Públicas, Imagen Pública y Reputación en Guatemala.

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