¿Creer o no creer? Ese es el dilema en Imagen Pública

¿Cuál es la última reserva de su cliente para que decida comprarle o adherirse a su propuesta? Pienso que muchos días, noches, períodos fiscales y planeaciones usted ha pasado tratando de responder a esta cuestionante. Al final, el cliente decide si logra creerle y confiar en usted respecto del producto o servicio que se le está ofreciendo.


El gran dilema para el comprador es si usted es creíble o no, si se puede confiar en usted para depositarle sus intereses, aspiraciones, sueños o sustancialmente la satisfacción de sus necesidades.

Miremos. El cliente recibe la información de la empresa o institución directamente, a través de los medios de comunicación, de la publicidad, del mercadeo, por medio de la experiencia, de una referencia de alguien más, etc. Es aquí cuando el cliente percibe e interpreta la idea que usted quiere que acepte, es decir su Imagen Pública.

Pero esa imagen que el cliente se formará tiene un proceso de aceptación, así: primero el cliente recibe su información, la estudia, la compara, es decir la pone a prueba. Posteriormente, trata de encontrar puntos de referencia que le amplíen la perspectiva para decidir si confía o no en usted.

Lo mira y piensa: esto que miro ¿me gusta?, ¿coincide conmigo?, ¿puedo creerle? Luego trata de sentirlo, de experimentarlo y de visualizarse con el producto o servicio ofrecido para ver si coincide con su estilo de vida.

Imagínese todos los filtros que el cliente aplica tratando de enjuiciar la imagen o percepción que se pudo llegar a obtener de usted. Por eso es que he venido insistiendo en que todo este ámbito subjetivo se puede controlar, cuestión que no es atendida por el mercadeo o la publicidad, sino es materia específica de la Imagen Pública.

Bueno, imaginemos que usted acepta mi propuesta y ya controla toda su imagen corporativa o institucional en un escenario en donde varios analistas dirían que cada día se hace más difícil confiar solo en las apariencias. Ya usted tiene controlado cómo estimula a su audiencia, pero se presenta un error: resulta que la persona quien es la imagen de su empresa no es agradable o no coincide con el mensaje que quiere posicionar. Algo así como las veces que hemos escuchado decir que una persona es así porque “se le nota en la cara”.

Foto Columna 7Además, usted se concentró en su empresa, en el producto y en el servicio, pero no se concentró en la cara de la misma: “sus vendedores”. Todo estaba bien, pero lo que el vendedor le dijo al cliente provocó que este no le creyera.

Por lo que le dijo, por cómo se lo dijo, por cómo se veía cuando se lo dijo, porque lo que vio no coincide con los alcances o satisfactores reales del producto o servicio. Por todo esto, el cliente NO LE CREYÓ y por lo tanto NO CONFIÓ, NO LE COMPRÓ.

Muchos líderes, empresarios, emprendedores se toman este tema a la ligera, creen que el error fue de mercadeo, mientras que el mismo fue de falta de certeza, de credibilidad, de confianza, de identificación, EN DOS PALABRAS de IMAGEN PÚBLICA.

Cuando usted reflexione estos detalles habrá dado un paso más hacia adelante, hacia la excelencia de su actividad comercial o institucional. Cuando se concentre menos en las auditorías institucionales, en las revisiones de los planes de mercadeo y se enfoque más en auditar la imagen que usted está proyectando y la que sus clientes están recibiendo, ese día sus productos además de tener un precio, tendrán un valor, serán algo valioso para la vida de sus públicos, valor que se verá plasmado en experiencias.

Recuerde, el dilema está en si su cliente logra creerle en todos los contactos que usted tenga con él o viceversa.

Ese día activará el mecanismo de la confianza que también estará a prueba y no habrá margen para el error porque el cliente confió en usted, camino que le llevará únicamente a realizar todos los esfuerzos necesarios para enmendar la imagen que fue dañada en algún detalle que no cumpliera con las expectativas del consumidor.

Es día, su visión estratégica se concentrará en conservar su imagen pública como el tesoro más valioso y que tantos años le ha costado construir como el edificio más moderno y tecnológico que se haya podido imaginar.

El dilema está en: ¿Creer o No Creer? Ahora, ¿me cree?


Dígame qué temas le gustaría que abordara y que le beneficiarían a su actividad profesional y la de su empresa.


Alex Castillo | Consultor en Imagen Corporativa

Fuente fotografía: https://lavidadelacajatonta.wordpress.com/
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