Las creencias vs. las ideas en Imagen Pública

Se ha preguntado alguna vez: ¿en quién o en qué confiar? Esta interrogante resulta hoy más válida que nunca en el mundo en que vivimos, pues la realidad misma es tan compleja que el ser humano constantemente se ve rebasado en sus capacidades para poder interpretarla y responder a ella.


Vamos por partes:

Primero, históricamente y aún en la actualidad se sigue planteando que el ser humano utiliza sus sentidos para tomar cierta información, orientarse y decidir con la finalidad de satisfacer sus intereses y aspiraciones.

Pero, ¿y si lo que vemos no es real?, ¿si lo que tocamos es un invento?, ¿si lo que leemos o el video que vemos fue manipulado o tergiversado?

Para nadie es un secreto que ahora, con los avances tecnológicos que ha habido de manera acelerada en la rama química, digital y comercial resulta la realidad totalmente moldeable a los objetivos que determinada persona o entidad tengan.

Segundo, entonces si tendremos que empezar a dudar de nuestros sentidos el ser humano recurre a sus círculos sociales, a sus allegados, para obtener cierta información de referencia para que la realidad que comparte con el otro ya esté juzgada por su cosmovisión, hecho que puede tener resultados más confiables pues ya tendrá ciertos juicios con los que puedo yo coincidir o no, pero me serán de utilidad, al fin y al cabo.

Pero, y si el otro está permeado por ciertas condicionantes, experiencias y juicios y estos resultan ser muy radicales como para tener un punto medio que me sirva a mí para juzgar lo más objetivamente la realidad, ¿qué hago?

Tercero, entonces recurriré a mis emociones, a mi instinto, dirá usted para así confiar en lo que yo “siento” que es lo verdadero, lo correcto para tomar mis decisiones.

Pero si en ese preciso momento estoy pasando por una situación complicada que permea mis sentimientos, o mi carácter y temperamento han estado marcadamente inclinados hacia un determinado lado hasta el punto que desconfío de ellos porque me he han hecho tomar malas decisiones.

Entonces, ¿qué hago dirá usted?

Aquí, en cuarto lugar, entra la importancia de lo que para nosotros como individuos tiene aplicar a nuestras vidas la Imagen Pública, pues ella nos explica que la realidad es lo que percibimos, ese conjunto de ideas que formulamos a partir que interpretamos el contexto y nos formamos un criterio a favor o en contra de determinado aspecto.

Esta disciplina imagológica, nos invita a tomar en cuenta que, si bien las ideas pueden cambiar durante el transcurso de nuestra vida, son nuestras creencias, esas ideas arraigadas, las que constituirán el punto de referencia más fuerte para que un determinado individuo tome una decisión de vida, de consumo, de acción o de reacción.

Son precisamente nuestras creencias formadas por la familia, la sociedad, la religión, la escuela, etc. las que debemos ordenar y estratégicamente posicionar en nuestra mente para se constituyan en un mapa que oriente nuestras propias decisiones.

En sí, la Imagen Pública consistirá ya no solo en generar ideas, sino más profundamente construir creencias sobre una persona, producto, servicio, entidad, marca o país que nos hagan creer y confiar en todos ellos en el tiempo.


Alex Castillo | CEO – IMAGINA
Fuente fotografía: webpsicólogos
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Aventuras de un Consultor en Imagen Pública en Guatemala

Como si fuera una expedición a otro planeta, así ha sido mi viaje por la Imagen Pública en mi país, Guatemala. Acostumbrados a ver y oír siempre cosas similares, en este país es realmente reciente apelar a vivir cosas diferentes, ya sea porque el mercado no está acostumbrado o porque sus imágenes mentales le dictan cierto nivel de conformidad.


Hace ya ocho años tomé la decisión de que la Imagen Pública fuera parte de mi vida, sin saber entonces a ciencia cierta hasta dónde llegaba esta disciplina y qué era lo que conseguiría de ella. Pasé cinco años de mi vida profesional aplicando los conocimientos que aprendía y comprobaba sobre la Imagen Pública a los espacios profesionales y personales que ocupaba, pero siempre preguntándome sobre esa conexión interdisciplinaria que yo sabía que existía y sobre esos alcances que tiene y tendrá esta ciencia de la comunicación en el siglo XXI.

Aunque cuando la aprendí los conocimientos eran limitados, empecé a encontrar los puntos de coincidencia con otras disciplinas y tomé la determinación de empezarlos a unir; así fue como nació mi Consultora IMAGINA, viendo que a lo que se hace en nuestros países en materia de comunicación, publicidad, mercadotecnia, relaciones públicas o RSE se le podía añadir otro ingrediente (el imagológico) que apostara por convencer e impactar de manera profunda las mentes y corazones de las personas.

Y así fue, durante estos años personas, profesionales, empresas e instituciones se han acercado para mostrar su interés en obtener otra opinión técnica (estratégica, diría yo) sobre cómo alcanzar sus objetivos, pero de una manera “diferente”.

Así, junto a estas personas que han confiado en mí, hemos elaborado planes estratégicos de imagen pública y estrategias de imagen digital, hemos fortalecido la imagen profesional de sus colaboradores, hemos impulsado su imagen vendedora, es decir, hemos investigado cómo se comporta la imagen pública en Guatemala para saber cómo posicionarse de mejor manera.

Al principio, como es normal, todas estas personas tenían muchas dudas sobre esta disciplina y la naturaleza de mis servicios, porque no solo la imagen pública se sale de los esquemas que comúnmente conocen, sino que además debían asegurarse que yo no les estuviera “vendiendo humo” como decimos por acá y debía enfrentar la idea que tenían sobre la imagen pública: “esa es solo para los políticos”.

Es necesario compartirles que a la imagen pública se le juzga todo el tiempo, pero se le confía para siempre cuando se alcanzan los resultados y se demuestra que es estimulando a las audiencias que se consigue un mejor entendimiento entre las partes, con la finalidad de crear un vínculo, una relación.

Con la imagen pública y la confianza de los clientes hemos logrado lo siguiente: hemos ganado premios nacionales empresariales, hemos incrementado las ventas, hemos conseguido mayor cobertura mediática, hemos posicionado temas complicados en la agenda nacional, hemos legitimado a lideresas profesionales, por mencionar algunos resultados.

Finalmente, sepan que día a día le agradezco a la vida por haberme permitido conocer integralmente a las ciencias de la comunicación, a través de la Imagen Pública, y les recuerdo que la constancia no solo consigue que alcancemos resultados, sino que principalmente nos permite aprender a vivir.

¡Por un año lleno de proyectos interesantes y de retos personales!

¡Gracias por darle una oportunidad a la imagen pública y por leerme siempre!

¡FELIZ 2018!


Alex Castillo | CEO – IMAGINA
Fuente fotografía: SABRINA GAMEZ

Yo, empresa: ¿qué hago primero: imagen pública, comunicación o mercadeo?

Regularmente los empresarios pequeños y grandes, cuando tienen un nuevo producto o servicio listo para salir al mercado, piensan ¡debo promocionarlo! Lo hacen para dar a conocerse en el mercado y convencer al cliente para que consuman.  Pero, entre tanta forma que existe ahora para llegar al consumidor, ¿cómo se sabe qué disciplina comunicacional ejecutar para que me compren?


En nuestras sociedades todavía estamos en la fase de considerar que la nueva modalidad de promoción está enfocada única y exclusivamente en el mercadeo digital, como una nueva forma de llegar al público. Creemos que ahora un buen encargado de redes sociales es indispensable y suficiente por la cercanía de contacto que proporcionan las plataformas digitales.

Como Consultor en Imagen Pública he insistido en que, por la complejidad del mundo, se debe ver a las ciencias de la comunicación y de la administración de manera articulada, porque cada una responde a una necesidad específica en el mundo de los negocios.

Así, considero que es necesario compartir con mi público unos requisitos básicos que debe contemplar una estrategia de imagen pública, comunicación y mercadeo:

  1. Una vez dispuesto el producto o servicio, no se debería salir al mercado sin un buen plan maestro de imagen pública que establezca la esencia institucional de la empresa y la esencial profesional de los responsables que llevarán el mensaje de la misma al público.

  2. Establecer un plan de relaciones públicas que contemple los diferentes públicos que están involucrados directa o indirectamente con la empresa y la forma como quieren ser tratados.

  3. Una estrategia de comunicación que disponga de los canales, mensajes y materiales que llevarán la idea o beneficio del producto o servicio ofrecido.

  4. Un plan de mercadeo que establezca los recursos logísticos, administrativos y financieros para presentar el producto y hacerlo llegar al mercado.

  5. Un plan publicitario para resaltar los atributos del producto o servicio plasmados en los materiales comunicacionales establecidos.

El empresario, gerente o administrador, al no llevar a cabo todos estos pasos, regularmente recurre a los últimos dos por ser los más inmediatos y realizables, dadas las limitaciones de presupuesto.

Si bien con esta decisión se obtienen algunos resultados, no se contempla en la estrategia general los otros tres aspectos y eso genera vacíos en la comunicación integral de la empresa, lo que impide que se aprovechen todos los componentes de la misma, pues todos los departamentos y colaboradores se deben constituir en actores de comunicación y reputación.

Por lo anterior, las consecuencias de no realizar paso a paso las anteriores tácticas suelen ser:

  1. Si no se hace imagen pública, no se tiene claro quién es la empresa y la reputación que se quiere construir.

  2. Si no se implementan las relaciones públicas, se establecen relaciones puntuales con los clientes y no de largo plazo con la intención de fidelizar.

  3. Si no se tiene clara la comunicación, entonces se estará dispersando el mensaje y no se estarían utilizando con efectividad los canales dispuestos.

  4. Si no se hace un mercadeo inteligente, se estará vendiendo solo con base en el precio y no en las necesidades que el producto o servicio cubre.

  5. Si no se hace publicidad, la comprensión de los beneficios del producto no es clara lo que impide que se pueda lograr un buen proceso de diferenciación respecto de la competencia.

Desde mi ejercicio profesional como Consultor en Imagen Pública he comprobado que el empresario no necesita grandes estrategias, sino una que de manera clara le resuelva las dudas, le aclare las ideas y eficiente las decisiones, necesidad que he aprendido a sustentar con efectividad.

Recuerden visitar mi página de Clientes para conocer a los empresarios que me han confiado su imagen pública y reputación, quedando muy satisfechos con mis servicios de asesoría y capacitación en la materia.


Alex Castillo | Máster en RSE | Lic. Imagen Pública | Consultor en Imagen Corporativa
Fuente fotografía: Yo digo sí

El mercado quiere que le transmitamos «algo»

Siempre escuchamos que las demandas y necesidades del mercado están en constante cambio. Pero independientemente de la generación, el producto, el servicio, la oferta, la empresa o el sector que se presente ante nuestros ojos, lo que la gente siempre nos pide es que le transmitamos ese «algo», que la hagamos vibrar.


La teoría mercadológica ha pasado por muchas transiciones con el paso de los tiempos; desde el producto artesanal, al manufacturado, al en serie; de vender productos a ideas, del bis a bis a la difusión masiva, de lo offline a lo online, de la inteligencia de mercados al SEO, de la marca a la marca personal, del branding al branding personal.

En todo ese tránsito, por supuesto que cada fase ha dejado sus ventajas, pero también es cierto que dichas transformaciones han sido enfocadas en la constante búsqueda de lo que el cliente es, busca, quiere y necesita.

Así como en la vida todo es cuestión de ciclos, algunas veces pareciera que la mercadotecnia y las ciencias de la comunicación cumplen determinados ciclos que no nos damos cuenta, pero que la mayoría de ellos evidencian un retorno a la mera esencia del cliente, del receptor.

Uno de esos ciclos se puede ver cuando los clientes de antes y los de ahora demandan de una persona, producto, servicio o empresa que esta les TRANSMITA «ALGO».

Como Consultor en Imagen Pública he observado que esa palabra «algo» se usa ahora con más frecuencia. Por eso es que la pongo entre comillas, esa cosa que muchas veces el cliente no sabe describir, pero que sabe que es determinante para decidir y, más importante aún, para ser feliz.

He identificado que ese «algo» puede ser una idea, una sensación, una emoción, una oferta clara, un beneficio, una transformación concreta de sus vidas, etc.

Por eso es que he insistido en que la Mercadotecnia debe trabajar en conjunto con la Imagen Pública, en una lógica de uno más uno es igual a tres.

Es decir, mientras que la primera disciplina concrete la oferta, la segunda dispone estratégicamente de las formas de convencimiento, para que ese «tres» se concrete en que lo ofertado encuentre un camino directo para llegar a mover la membrana más profunda del consumo, enfocado en tocar esa fibra más delgada que motive la credibilidad del cliente y lo haga salir de su incredulidad entre tanto producto que lo confunde y que afecta directamente su capacidad de decisión.

Esto también se puede aplicar al ámbito profesional. Sí, a usted vendedora, gerente de marca, agente de servicio al cliente o relacionista pública que tiene que ganarse la confianza de esa persona que será determinante en su labor; ese cliente que le comprará la idea, tendrá una opinión favorable y actuará en consonancia con sus intereses.

Entonces, primero debemos concretar la oferta, diseñar su estimulación, interactuar para ver si se está entendiendo, actuar de manera multicanal para luego convencer al otro de que somos merecedores de su confianza porque logramos transmitir ese «algo» (intangible) que es, en definitiva, la razón de la compra y el respaldo a nuestras causas.


Alex Castillo | Máster en RSE | Lic. Imagen Pública | Consultor en Imagen Corporativa
Fuente fotografía: SOFTZONE

Todos construimos la Imagen de País «Guatemala»

Guatemala, como país, también tiene una imagen pública que construir, cuidar y mantener como parte del proyecto de nación al cual aportamos todos los ciudadanos, colectivos, empresas y sectores día con día.


En tal sentido, el Observatorio de Marca e Imagen País recoge lo expuesto por Valls (1992) y Echeverri et al. (2015), quienes se refirieren a la imagen de un país como la percepción que tienen los consumidores directos, indirectos, reales y potenciales de los países.

A la vez, dicha imagen tiene como finalidad comunicar de manera favorable la percepción de un lugar y que esta sea consecuente con la realidad.

Por su parte, Capriotti (2008) afirmaba que esta imagen está representada no solo por un conjunto de creencias, mitos, historia y cultura sino también, es la representación o asociación mental de un determinado país, más allá si son atributos reales o ficticios de la nación en cuestión.

Pero lo que pasa en nuestros países es que esta labor se considera como una responsabilidad única de los gobiernos de turno, quienes deben hacer ver los atractivos tanto de los lugares, desde una perspectiva turística, como de los productos desde una perspectiva comercial.

Con este comportamiento, los ciudadanos no hemos caído en la cuenta que, al turismo interno e internacional, a los inversionistas que llegan al país, las calificadoras de estabilidad social, política, económica y jurídica, todos ellos en su mayoría, se han llevado una impresión positiva de la gente guatemalteca, considerándola como cálida, amable y trabajadora.

Como Consultor en Imagen Pública veo que hay una descoordinación entre que los guatemaltecos consideramos que la Imagen de País es únicamente responsabilidad del Estado y la percepción que tienen las personas que viven «la experiencia Guatemala».

Ese cruce se evidencia cuando somos los mismos guatemaltecos quienes no nos damos cuenta que con nuestras conductas y acciones hacemos que no crean y confíen en Guatemala, pero por otro lado las personas que visitan o trabajan en nuestro país consideran y demandan que el guatemalteco sea congruente con esa calidez que han constatado en: nuestros pueblos, la verificación de la grandeza de nuestra historia milenaria, la conducta de los cuatro pueblos que cohabitamos, la gastronomía y las manifestaciones culturales tradicionales y actuales que somos capaces de desarrollar.

Sería una buena idea que la población en general, cada quien desde el rol que le toca y desde su actividad económica, política o social, esté consciente de que todos construimos la Imagen de País con lo que pensamos, somos y hacemos; si lo hacemos, será un acto de coherencia y responsabilidad en cuanto a proyectar una Imagen Pública Positiva de nuestros lugares y principalmente de nuestra gente.

Esa Imagen Pública, esa credibilidad, que se refleja en los medios de comunicación tradicionales y digitales, pero que se constata a través de cómo nos comportamos como individuos y grupos sociales; una visión que la Sociología de la Imagen estudia y en la que deberíamos involucrarnos con más proactividad para medir siempre nuestros actos.

En pocas palabras: lo que yo hago impacta en cómo se ve Guatemala.

Si bien, el Instituto Guatemalteco de Turismo – INGUAT –, desde 2015, ha realizado esfuerzos nacionales e internacionales para construir la Marca País, este proceso debe apostar a construir en sí la IMAGEN DE PAÍS como un proceso de reflexión más amplío sobre quiénes somos los guatemaltecos, cuáles son nuestras ventajas como país, cómo nos autopercibimos, qué se consume en el país y cómo varía esto en el tiempo, con qué nos asocian, qué comunicamos en las noticias y con nuestros actos, qué valoran de nosotros en el extranjero.

Es por eso que el establecimiento de una instancia mixta encargada de estudiar y velar por la conservación de la Imagen de País «Guatemala» es idónea y necesaria para establecer los pesos y contrapesos de la convivencia social que contribuyen a la construcción de la percepción del valor de país y de la sociedad, no solo desde los lugares y los productos, sino principalmente desde las personas que hacemos que esta nación sea tan atractiva y valorada por tantas personas de otros países y recordada por tantos connacionales que radican en el extranjero.


Alex Castillo | Máster en RSE | Lic. Imagen Pública | Consultor en Imagen Corporativa
Fuente fotografía: cog.org.gt, inguat.gob.gt

Cómo el Depto. de Ventas impacta en la Autoimagen del Vendedor

¿Ha escuchado usted el efecto de “la manzana podrida”? Normalmente se cree que el vendedor tiene que hacer su trabajo, que sabe qué es lo que se quiere de él o ella y que con eso tiene lo suficiente para vender y ya. Pero la empresa nunca piensa en que, para vender se necesita, cada vez más, encontrar condiciones idóneas para impulsar a la persona a querer enfocarse en su labor y querer convencer. Y todo esto pasa por cómo se incorpora a la persona al Departamento de Ventas.


En este espacio de Consultor en Imagen Pública, anteriormente hemos hablado de la transición que se debe dar en el siglo XXI de considerar a los colaboradores únicamente como vendedores hacia reposicionarlos como CONVENCEDORES activos del proceso de construcción de su Imagen Profesional y de la Imagen Corporativa de la empresa en su conjunto.

Pero esto pasa porque como gerentes o empresarios debemos comprender que el ser humano no puede ser totalmente individualista, que siempre querrá pertenecer a un grupo, en este caso en el equipo del Departamento de Ventas o Servicio al Cliente.

En este proceso de incorporación, no se trata de si el nuevo vendedor le cae bien al grupo o no, o si tiene más capacidad de adaptación o no; consiste en que encuentre un espacio en el equipo y que pueda aportar algo más a partir de sus particulares capacidades y competencias.

Lo que de fondo sucede en este proceso es que el vendedor abonará a la Imagen Grupal del equipo de ventas su propia Imagen Profesional, consolidando las fortalezas o subsanando las debilidades del grupo para un mejor funcionamiento del área de ventas en su conjunto.

Así, este proceso de intercambio de imágenes públicas (de percepciones “positivas”, por supuesto) permitirá que encuentre en el equipo de ventas a un espejo de su propia realidad, que el vendedor construirá y vivirá día con día, con el afán de satisfacer las aspiraciones personales, las del equipo, las de la empresa y las de los clientes en última instancia.

Pero lo que regularmente sucede es que esa incorporación o aceptación del vendedor al nuevo equipo presenta muchas dificultades que, al vivo estilo de un búmeran, tarde o temprano impacta en la misma autopercepción o autoestima que el vendedor tiene y de su rol en el equipo.

Para muchos de ustedes es conocido que un gran número de vendedores reflejan un alto grado de insatisfacción por lo que están haciendo, provocado directamente por dónde lo están haciendo, lo que causa un desánimo por dimensionar cada día que su trabajo no es importante para su superación personal y para el consecuente crecimiento de la empresa.

En pocas palabras, “LA IMAGEN GRUPAL INCIDE DIRECTAMENTE EN LA IMAGEN PERSONAL” del vendedor que no solo trata de vender uno o dos productos al día y de llegar a la meta, sino de contribuir a algo más grande como es: que los clientes resuelvan una parte de sus vidas, que la empresa se dé a conocer más, que el vendedor cumpla su rol social de mejorar sus condiciones de vida y la de su familia.

Como ven, todo está entrelazado. Por eso es que consideramos oportuno desde la Agencia IMAGINA proponerle ver al manejo de su imagen pública como algo integral, en donde la mejora del comportamiento del grupo impactará directamente en la mejora del comportamiento de cada colaborador.

En síntesis, si me siento bien en donde estoy, sé que puedo aportar; si sé que aporto, entonces comprendo lo que tengo que hacer; si lo comprendo, entonces sé qué quieren de mí; si sé qué es lo que quieren mis superiores, sé que no solo tengo que vender sino también convencer; y si convenzo al cliente, entonces la empresa quedará bien y será preferida entre todo el mercado.

En tres palabras esto es: PLANEACIÓN ESTRATÉGICA DE LA IMAGEN CORPORATIVA.


Alex Castillo | Máster en RSE | Lic. Imagen Pública | Consultor en Imagen Corporativa
Fuente fotografía: BLOG DE DEYBI MORALES- BLOGGER

La Universidad Corporativa retoma la importancia de la Imagen Interna

Se cree que el manejo de imagen solo sirve para verse bien hacia fuera de la empresa. Pero el verdadero manejo de imagen pública parte de la esencia institucional y que la misma sea aplicada verdaderamente y con coherencia, para configurar una empresa de manera sólida desde sus cimientos, mismos que son fortalecidos constantemente con el modelo organizacional de Universidad Corporativa.


La Universidad Corporativa es una nueva tendencia en el mundo de la Administración de Empresas que, según la entidad Clarity, es un modelo organizacional que busca de manera sistemática (formar expertos) dotar a los colaboradores de una organización, del conocimiento necesario para desempeñar funciones y lograr objetivos en un nivel EXPERTO y actualizar dichas capacidades constantemente.

Esta nueva línea de fortalecimiento empresarial se complementa con ejes de trabajo, mismos que son: Arquitectura Organizacional (malla curricular como parte del proceso de formación interna y externa) y Gestión del Conocimiento (renovación constante de conocimiento).

Lo que de fondo está planteando la apuesta de Universidad Corporativa es la necesidad de estructurar el fortalecimiento organizativo de la empresa, para que construya unos saberes y competencias alineados y en permanente evolución con los sentidos y alcances de las empresas.

Esta idea la Imagen Pública la entiende desde la Imagen Interna, concebida como la percepción general que comparten los stakeholders internos acerca de la empresa y sus marcas, que provocará una determinada opinión misma que motivará una consecuente conducta de rechazo o aceptación a lo interno.

Es decir, ese conjunto de pensamientos y emociones generados a través de estímulos verbales y no verbales, construirán en los colaboradores un determinado sentido de singularidad, unicidad y peculiaridad por la organización en la que participan y sus apuestas de valor que realiza al mercado y la sociedad en su conjunto.

Uniendo estas dos tendencias de relevancia en la administración de las empresas del siglo XXI, se puede dimensionar que la información adquirida sobre la actividad de la organización y lo que cada colaborador puede construir como nuevo conocimiento para cada vez hacer mejor las cosas, constituirá el sustento para crear una imagen pública a lo interno que sea apropiada por cada público interno con vistas a su posterior posicionamiento en las diferentes audiencias externas a las que llegarán como equipo.

Dicha apropiación creará, desde el modelo de la Universidad Corporativa, una cultura de gestión de conocimiento que sea producto de administrar cotidianamente los aprendizajes que cada colaborador, departamento, área y gerencia vayan teniendo, lo cual en su conjunto se convierta en un consolidado de información que facilite los insumos necesarios a todos los cargos para que perfeccionen sus tareas para así llevarlas a un nivel de experto.

Esta constante mejora significará también un continuo aterrizaje de la esencia institucional, que posicione en las mentes de los públicos internos “el paradigma de la transformación” como parte de sus apuestas profesionales como individuo, responsabilidades como departamento y aportes como empresa para su permanente reoxigenación en todo sentido.

Esta lógica supera el estereotipo que el colaborador debe saberlo todo cuando llega a la empresa y llevárselo todo cuando egresa de ella. Este sentido, permite a las empresas recuperar la importancia de apostarle a fortalecimiento de las capacidades y competencias del personal, pero de manera administrada para constituir una imagen constantemente coherente a lo interno y externo de la entidad.


Alex Castillo | Máster en RSE | Lic. Imagen Pública | Consultor en Imagen Corporativa
Fuente fotografía: GOOGLE

“Mucha gente no puede estar equivocada”

¿Verdad o mentira? El gran debate de todos los tiempos: a quién le ponemos atención. Como líderes y empresas tenemos el deber de poner atención a cada una de las percepciones, ya sean individuales o colectivas, que los clientes tengan, pues las mismas constituyen un termómetro de cómo se nos está interpretando.


En varios programas de televisión nacionales e internacionales he estado escuchando una narrativa relacionada a la necesidad de poner atención a las opiniones o decisiones que un grupo de personas tiene sobre una idea, producto o servicio.

En nuestros países latinoamericanos, aún en el siglo XXI, todavía nos movemos con base en ideas dicotómicas (bueno – malo), sin considerar que a raíz del auge de los medios digitales, los mercados han tenido acceso a otra información de primera o segunda mano que ha provocado que sus percepciones sobre algo sean aún más variadas que antes.

Gerentes y empresas todavía consideran que tienen que atender a sus públicos, pero también hay que ignorar a los que no son sus clientes o no están con ellos. Las nuevas tendencias en manejo de mercados han propuesto que hay que realizar esfuerzos por enfocarse en aquellos públicos que pueden constituirse en sus clientes potenciales.

Frente a estas lecturas, me ha llamado mucho la atención esta frase recurrentemente utilizada en varios espacios: «Mucha gente no puede estar equivocada». Esta idea alude a considerar que una, dos o cinco personas pueden tener una opinión negativa sobre un producto, servicio, marca o empresa, pero cuando esta percepción es cobijada por un número mayor de personas (número que está en la mente de cada persona) entonces no puede negarse la veracidad de dicha afirmación o consideración.

¿Usted qué opina sobre esto?, ¿será que si varias personas tienen la misma idea entonces esta ya se puede tomar por cierta como para respaldarla?

Esto está sujeto a consideraciones personales e institucionales. Lo que yo considero oportuno evaluar es que, alejado de la posibilidad de legitimar una idea específica de un determinado grupo de clientes, la misma sí debe tomarse en cuenta debido a que nos da indicios de que la percepción de un colectivo de clientes, aglutinados o no, puede estarse decantando por una tendencia a favor o en contra de los objetivos profesionales o institucionales establecidos.

Si bien ustedes o yo podemos estar de acuerdo o no con la afirmación inicial, en el marco de las nuevas tecnologías, dicha idea nos brinda un parámetro de referencia de cómo se está construyendo la percepción en nuestras sociedades, en donde no importa la cantidad de información que tengamos. Solo con el hecho de que ya varias personas, ahora en varias redes sociales, estén hablando sobre un tema, sin contar los temas que marcan tendencias, hoy constituye un indicativo lo suficientemente fuerte de la razón o el peso que lleva determinada idea y más si se sostiene en el tiempo.

Importa quién lo dice, pero en la actualidad importa mucho más cuántas veces aparece en mi timeline. En ese momento se dimensiona que la cantidad de voces que se inclinan en una determinada línea de pensamiento es razón suficiente para ponerles atención, aunque esté poco informado sobre el tema, esa cantidad y la atención resultan ser ingredientes de fuerza para permear la percepción del usuario o la audiencia y en ese momento tomar partido a favor o en contra de manera inicial o hasta definitiva.

En fin, podemos analizar que a esta situación se suman los elementos sobre cómo percibimos el mundo, es decir, evaluar a quién le creemos, cuánto tiempo nos tomamos para decidir, cuánto queremos pensar tal situación, etc. Estos criterios se han reducido porque hoy ya no tenemos mucho tiempo para considerar abiertamente una idea y, por lo tanto, nuestro juicio se define rápidamente.

Estos factores entonces son los que, aglutinados, nos inclinan a legitimar activa o pasivamente el hecho de que, si muchas personas se pronuncian en un sentido, es porque tendrán cierto grado de razón y podrá ser respaldado por los medios de comunicación y principalmente por mis círculos sociales, en quienes en definitiva confiaré para adherirme, como cliente, a un cierto grupo de personas y, si me siento bien en ese colectivo, pienso y siento que “no precisamente estoy equivocado porque muchos no nos podemos equivocar”.


Alex Castillo | Máster en RSE | Lic. Imagen Pública | Consultor en Imagen Corporativa
Fuente fotografía: uan.edu.mx

¿Cuánto cuesta tu reputación?

Como profesionales, trabajadores, gerentes, dueños de empresa, familiares nos concentramos en vivir, en cumplir nuestras funciones, en llegar a la meta, en cumplir el horario o en entregar el producto/servicio solicitado. Pero no nos damos cuenta de la importancia de capitalizar lo que en el fondo representan nuestras actividades, lo que estas significan, es decir, la reputación que nos construyen.


Esta pregunta se puede responder de dos maneras:

  1. Regularmente a todo le ponemos precio. Imagínese que fuera moneda de cambio el buen manejo de todos los ámbitos de nuestra vida. Por ejemplo, si pierde uno el tiempo en una actividad pues “puntos menos”, o si una persona llega a la meta o consigue más clientes entonces “puntos de más”. O sea, volver tangible los elementos intangibles de nuestra vida. Así le pondríamos más importancia a la buena conducta porque REALMENTE VALDRÍA.

  2. Imagínese que se llevara una bitácora en donde su buen manejo de vida estuviese registrado. Dependiendo del puntaje, si bien no bloquearía por completo las oportunidades, sí condicionaría los alcances que podamos tener, como un nuevo trabajo, un nuevo puesto o una nueva línea de negocio. Se haría tangible lo que hoy constituye una valoración subjetiva.

Y así, otras maneras.

En estos días me explicaba una persona que lo que los profesionales quieren no es imagen sino realidad. Esto confirma la errónea interpretación que se tiene de la IMAGEN PÚBLICA que todavía se vincula en nuestras sociedades con la Asesoría de Imagen, ámbito dedicado exclusivamente al manejo de la apariencia y el buen vestir.

Hoy por hoy, no puede haber cosa más real que la IMAGEN PÚBLICA porque es lo que usted y yo pensamos y sentimos de una marca, producto, empresa, persona, país. Si lo piensa bien, mientras más nos proyectan una imagen que a nivel de mercadeo no nos cuadra con la realidad, más tienen que hacer para esconder la verdad, pero al mismo tiempo más se separan de lo que la gente cree y confía cuando tienen una experiencia específica con estas entidades.

Pero como esto se mueve en el plano de lo que cada quien piensa, considera, opina y actúa es aquí en donde evalúo que se difumina la importancia de tener una buena imagen para todos. “Afectará a los que les interese”, dice la gente; público que no se está dando cuenta que lo que tenemos en nuestros días es un amplio sentido del efecto multiplicador provocado por las redes sociales.

Así, si una marca hace algo bueno y le da resultados con el mercado, todas voltearán a verla, a copiar su secreto y a tratar de imitarla. Por el contrario, si una empresa hace algo mal, las demás no aprenden de ello hasta que llegan a cometer el mismo error.

Esto sucede porque son varios los factores que profesionales y empresas utilizan para “venderse”, mientras que el único factor en el que no nos hemos podido poner de acuerdo, en lo que va del siglo, es en que la reputación es el único factor aglutinante que nos brinda los parámetros para decidirnos realmente por una opción u otra.

Pero como hasta el momento la reputación “no vale dinero” en lo concreto, entonces no le damos el peso que merece en nuestras vidas en todo sentido.

Si bien existen ya clasificaciones de empresas que han mejorado sus ventas cuando han manejado su reputación bien y permanentemente, esta sigue sin permear lo suficiente nuestras vidas y consumo, cuando una amplia mayoría del mercado sigue moviéndose en términos de necesidad.


Alex Castillo | Máster en RSE | Lic. Imagen Pública | Consultor en Imagen Corporativa
Fuente fotografía: http://www.dialogo2punto0.com